Desvelos patrios: sombras y reflexiones en la obra de F. J. Consalvos

“Como el hueso al cuerpo humano, y el eje a una rueda, y el ala a un pájaro, y el aire al ala, así es la libertad la esencia de la vida. Cuanto sin ella se hace es imperfecto

José Martí [1]

     Las seis de la mañana y ha vuelto a mi balcón. Siempre a la misma hora, un mirlo negro interrumpe con su trino mi sueño; me desvela, me perturba, me descoloca en ese espacio intermedio de vigilia y reflexión donde abrir los ojos no es importante. Fue ese instante de inmovilidad del cuerpo el que me incitó a pensar en las contradicciones entre el sitio que habitas y el que eres, en la patria que llevas dentro cuando emigras y en las que intentas asumir, tantas como vuelos haces. Y empecé a ver el mirlo en las obras de Felipe Jesús Consalvos (Cuba, 1891 – EE.UU., 1960); estaba en cada una de sus aves, escudriñando desde un plano aéreo aquellos retratos de un modelo fallido de sociedad, hurgando en el absurdo y en las problemáticas de un contexto ajeno al artista, que tarde o temprano, le sería familiar. 

     Se conocen pocos detalles de la vida de este artista cubano, y la investigación más completa se debe al escritor, comisario y folklorista Brendan Greaves, quien le dedicara en 2008 su tesis de maestría en Arte y Folclor titulada: Dream the rest: on the mystery and vernacular modernism of Felipe Jesus Consalvos, Cubamerican “cigarmaker, creator, healer, & man”. Gracias a sus indagaciones, sabemos que Consalvos procedía de una zona rural cerca de La Habana, y que en 1920 emigró con su familia a Miami, para más tarde moverse de Brooklyn a Filadelfia. Trabajó como tabaquero en varias fábricas, mientras, desarrolló una extensa producción artística de alrededor de 800 piezas que nunca llegó a exhibir en vida; en ellas empleaba la técnica del collage en superficies planas e intervenía objetos cotidianos, de oficina, muebles e instrumentos musicales. Luego de su muerte, sus obras permanecieron en un almacén hasta que en 1983 su sobrina decidiera venderlas a un coleccionista, quien las conservó durante veinte años. En el 2003 llegan a la Galería Fleisher/Ollman de Filadelfia, que organiza la primera muestra personal del artista (Felipe Jesus Consalvos: Constructing Images, octubre, 2004), para finalmente sacarlo del anonimato. A partir de entonces su nombre comenzó a integrar prestigiosas nóminas en colecciones de arte y museos,[2] a figurar en relevantes eventos, muestras colectivas y ferias. En esta promoción de la obra de Consalvos, también es de destacar el trabajo sostenido por The Gallery of Everything, y The Museum of Everythingambos en Londres (UK), al ser los primeros en presentar al artista en el medio europeo y hasta hoy mantener con rigor su universo creativo.[3]

     Y es que en las piezas de Consalvos llama la atención el sentimiento patrio del cubano que parte de su tierra con la imagen de una república nacida bajo una enmienda y una bandera intrusa, ajena a las luchas de descolonización e independencia en la Isla; entre la danza de presidentes títeres y una economía en crisis, absorbida a conveniencia de otra potencia. De ahí su enfrentamiento con el contexto socio-político norteamericano, signado por la falsedad del sueño americano, que se despoja de sensiblerías para mostrar el atrezo de la especulación; de políticas de injerencias y rapiñas bélicas, propias de los periodos de EntreguerrasSegunda Guerra Mundial y Guerra Fría, que le tocó vivir. Demasiados conflictos internos para quien emigra al propio país que subordina el suyo, y luego hacerlos confluir en un único territorio sobre papel. Cómo no tomar partido y asumir una posición crítica si evidentemente el artista compartía el pensamiento americanista de José Martí.[4]

   De modo que el sentido autorreferencial en sus piezas resulte una clara representación del artista y su entorno. En Consalvos descansa una herencia barroca que se integra a la exquisitez y meticulosidad de sus piezas; una grandilocuencia que apunta a esa necesidad de argumentar con la re-interpretación satírica y mordaz, flashazos de la época y de sí mismo. De identificarse como sujeto generador de narrativas, portador del legado histórico-cultural de la figura del tabaquero cubano desde la condición de emigrante.

   Gesto evidente por el uso reiterado en las composiciones de sellos de cajas de tabacos, vitolas, y etiquetas promocionales de la industria, cual recurso identitario que muestra al desnudo la cotidianeidad del sujeto creador. Se apropia de la técnica decorativa de empapelar con estos elementos, derivada de la tradición vernácula artesanal, para reutilizarla como leitmotiv que fundamenta la manufactura, legitima el discurso, y enmarca el relato visual. Detalle que (inconsciente o no) hace referencia a las primeras imágenes de la isla, que adornaban las cajas de tabaco en el siglo XIX tras el desarrollo de la imprenta y el pleno apogeo de la industria tabaquera. El caos milimetrado de los collages de Consalvos serían la contrapartida de aquellas estampillas paradisiacas sobre litografías. Una especie de reverso irónico de la historia: la nueva visión que un tabaquero ofrece de su medio social y de su mundo obrero, al expresar con total libertad sus preocupaciones en diversos temas que van desde la denuncia contra el racismo y la manipulación de la mujer en objeto publicitario, o su exaltación por la música, sobre todo en géneros procedentes de la cultura afroamericana y la mezcla de otras, entre ellos el Ragtime, el Jazz, o el Dixieland.

    Por otro lado, no creo que exista un solo componente fortuito en las obras de Consalvos. Cada pieza alberga la fascinación del creador que recorta y pega fragmentos con precisión absoluta y particulares significados; inclusive al seleccionar los patrones de color, en tramas compulsivas de figuraciones que se suceden de un plano a otro, de verso a reverso, a ritmos desconcertantes de aparente improvisación y vehemencia, guiadas apenas por frases que pudieran ser posibles títulos.[5]

   Sería ingenuo considerar que un trabajo de la magnitud de Consalvos estaría ajeno a los movimientos artísticos de aquel entonces. Aunque se desconoce de intentos del artista por relacionarse con el gremio de creadores y galerías, sus producciones marcharon en paralelo y a tono con los postulados de las vanguardias del arte moderno de Europa y Estados Unidos: en unas por las atmósferas oníricas, cercanas al subconsciente, típicas del Surrealismo; en otras, la burla, el humor, el contrasentido hacia el establishment, y el uso de materiales anticonvencionales lo acercaban al Dadaísmo; mientras con la parodia en la representación de elementos cotidianos, la puesta en evidencia de lo superficial de la culturas de masas y la crítica temprana al consumismo, se posicionaba dentro del Arte Pop.[6] Sin embargo, cabe señalar que por su actitud independiente alejada de circuitos comerciales, la introversión y constancia de tantos años de trabajo, además del volumen exagerado de obras, hacen pensar que nos encontramos ante un auténtico outsider, en un ejercicio de liberación de la maquinaria febril del mercado y sus imposiciones.

     La ausencia de fechas en las obras y el manejo recurrente de relojes, apuntan al factor tiempo como una obsesión del artista. El tiempo que se escurre tras el intento por atraparlo, para quien compartía el oficio de torcedor de tabaco con la irrefrenable pulsión del Arte, y sus responsabilidades familiares. Los collages de Consalvos parecen congelar la cadena de imágenes en una ecuación abstracta, relativa, capaz de transportar el pasado al futuro, de conservar la memoria de acontecimientos de una época convulsa de guerras y depresiones, a partir de un acto de resistencia contra un sistema enajenarte, donde el poder del dinero se impone sobre los valores humanos. Pareciera un juego macabro que alberga la ilusión de perdurar con reglas atemporales, y como si se tratase de un arqueólogo en la búsqueda de lo esencial, el artista se insinúa desde la ambigüedad del paso de las horas, cuestiona el presente y hasta su historia personal con el uso de fotos de familia que transfigura y deconstruye. Se involucra en las provocaciones y el tiempo marca las escenas que recrea en teatros de la vida; circos de vanidades con entradas inagotables; show descarnado que cambia minutos de respiración por dólares.

    En esta lucha contra el olvido en su patria híbrida —la que habita y la que lleva dentro—, Consalvos implementa otros símbolos provenientes de su universo personal que varían en significados a partir del contenido de las obras, y que conforman un cuerpo sólido por la presencia de códigos reconocibles en esa feroz crítica a la sociedad, en tanteos filosóficos cercanos al existencialismo y en la sugerencia hacia terrenos místicos y ontológicos. Explota desmedidamente los rostros de George Washington y de Abraham Lincoln, a quienes manipula como personajes caricaturescos sujetos a disimiles lecturas luego de travestirlos, recomponerlos, deshumanizarlos; emplea también el cuerpo humano cual organismo vivo, por momentos desprovisto de piel, abierto de venas, órganos, músculos, vulnerable a las imposiciones del ciudadano modelo, de un status incierto; utiliza ojos, billetes y estampillas de correos de distintas procedencias, naipes que citan a la suerte; y una variada fauna que se mezcla con el frenesí de la selva urbana, atiborrada en el glamour de coches y rascacielos, donde sobresalen los peces, y los monos en probable alusión a nuestros orígenes primarios.

   Las aves en especial, protagonizan un significativo rol en las obras de Consalvos; adquieren un sentido poético y representan ese espacio de liberación espiritual, de levedad del sujeto ante lo incongruente de la acumulación desmedida; suelen sustituir los cuerpos humanos o sus cabezas; en ellas se intuye la necesidad de extender las alas hacia cartografías que sobrepasen los límites establecidos. El enigma de las aves plantea interrogantes acerca del abismo de reflexiones que ocupaban al artista; abren las puertas del debate de lo cubano dentro de lo universal, y son la clave para desentrañar el verso criollista, la palabra convertida en poesía visual.

     Las seis de la mañana y no he dormido. Mientras termino estos apuntes, espero a que el mirlo se pose en mi balcón. Hoy no canta. Permanece estático. Es él quien escucha. Avancé unos centímetros hasta profanar el silencio y vi por última vez la sombra del vuelo. Hay instantes que duran una eternidad en imágenes, que burlan el tiempo, trascienden la consciencia y quedan más allá de mapas culturales y políticos, de la naturaleza de la existencia. F. J. Consalvos lo ha logrado.[7]

©Yaysis Ojeda Becerra (Madrid, 19 de abril 2021)


Notas:

[1] “Libertad, ala de la industria”, La América, Nueva York, septiembre de 1883, en Obras Completas, Ed. de Ciencias Sociales, La Habana, 1975, t. 9, p. 451.

[2] Es el caso de el Philadelphia Museum of Art (Philadelphia, PA), American Folk Art Museum (New York, NY), Harvard Art Museums (Boston, MA), High Museum of Art (Atlanta, GA), y el John Michael Kohler Art Center (Sheboygan, WI).

[3] The Museum of Everything ha exhibido las obras de Consalvos en Londres, Torino, Rotterdan, y Tasmania; en tanto The Gallery of Everything preparó en el 2020 la mayor exhibición del artista en Europa.

[4] Entre los libros pertenecientes a Consalvos, muchos eran de poesía, con una notable presencia de la obra poética de José Martí. En sus collages también se encuentran fragmentos y alusiones a frases martianas. 

[5] El artista no solía poner títulos a sus obras, quizás llevado por la intención de potenciar el contenido desde la imagen.

[6] Greaves en su tesis de investigación, describe con precisión los encuentros estéticos de Consalvos con estos movimientos artísticos, e incluso considera que el artista pudo haber empleado la imagen de la icónica lata de sopa Campbell con anterioridad a Andy Warhol. En: Greaves, Brendan. “Dream the Rest”: On the Mystery and Vernacular Modernism of Felipe Jesus Consalvos, Cubamerican “cigarmaker, Creator, Healer, & Man”. 2008. https://doi.org/10.17615/0v10-yq15

[7] Para este artículo se agradece la colaboración de la Galería Fleisher/Ollman (@fleisherollman) en Filadelfia (EE. UU), The Museum of Everything (@musevery) y The Gallery of Everything (@gallevery) en Londres (UK). 

*Artículo publicado en: ART BRUT SPACE de Hypermedia Magazine (versión castellana) y en la revista Osservatorio Outsider Art di Palermo, otoño 2021 (versión italiana).

Territorio nacional

El cuerpo de lo nacional es el espíritu y es el paisaje
y esto sólo lo expresa el arte
Guy Pérez Cisneros[1]

    ¿Qué es Cuba para los cubanos y para los ojos del resto del mundo? Es esta una interrogante de encontrados puntos de vista. Pero en lo que todos concuerdan, es en el hervidero cultural que se genera desde lo emotivo, y del gesto espontáneo de la cotidianeidad de un pueblo; que aún colmado de preocupaciones materiales, no desiste en mantener el humor, a pesar de una realidad narrada en formato de cuento metafórico; signada por el drama real de sus contradicciones políticas; y que no pone en riesgo los valores sociales, ni la grandeza espiritual de una isla, en planes interminables de derrumbe y reconstrucción.

     La misma espiritualidad que motivó al artista cubano Lázaro H Cano (La Habana, 1972) en su muestra Territorio Nacional, ‒abierta al público en el espacio White Lab de Madrid‒, a proyectar a través de pinturas, esculturas e instalaciones, una visión subjetiva, onírica y un tanto caótica de su patria; al visitarla recientemente, luego de más de una década de ausencia.

    Territorio Nacional reúne, cual diario personal, los apuntes a modo de imágenes pesadillescas de un viaje de regreso al pasado; de un paisaje urbano desolador e intenso a partir de la cosmogonía de símbolos de este creador, que ya constituyen un leitmotiv en sus obras: flechas, cruces, banderas, colores primarios y limpios, púas, ojos y lenguas; elaborados desde el trazo primitivo, en una estética de la precariedad, que se vale de materiales simples, y al alcance de la mano. H Cano trabaja a partir de la sugerencia de los materiales y objetos para desbordar sus energías; de ahí que el hallazgo de botones, céntimos, papel, cinta adhesiva, madera, o pedazos de muebles, sean empleados como recursos semánticos, soportes e ideas en sí. Rasgo común en las producciones de algunos artistas outsiders, que se dejan seducir por el material encontrado.

        Con la instalación El cuartico está igualito[2] Lázaro pretende transformar el espacio expositivo en una cueva de punzantes elementos, construidos en papel craft, cinta adhesiva y cartón, con la intención de generar un ambiente arcaico y extraño. La simbología de la cueva apunta hacia una visión críptica y dolorosa en el imaginario del artista. Duele la misma precariedad de la que un día quiso escapar; el reencuentro con la memoria familiar de no pocas pesadumbres; del humilde hogar en el Vedado habanero donde una vez llegó a desarmar su cama y dormir en el suelo por la acumulación excesiva de maderas y esculturas; de los mismos atardeceres en el malecón junto a pescadores, jineteras y merolicos buscándose la vida.

     Con la Serie Territorio Nacional, conformada por las piezas: Memorias de un bistec, Pollo por pescao y Centro Habana, H Cano se adentra en temáticas sociales que afectan directamente al cubano de a pie, y que nunca antes había tratado de manera directa: la emigración, la alimentación y la descomunal compra y venta en Cuba de inmuebles patrimoniales, que hace pensar en la isla como una gran plaza de mercado. De dimensiones variables, cada una de las maquetas posee de base la bandera nacional con detalles satíricos, que evidencian el ingenio del artista a través de constantes citas al refranero popular y al lenguaje callejero.

     La crudeza de las figuraciones, esbozadas en una síntesis de elementos y trazos  ‒que se refuerzan con el color en el caso de las pinturas‒, permite que las piezas resulten directas y contundentes en sus significados semánticos; en tanto el ordenamiento de los tópicos redefine lo cotidiano de un país que no es solo revolución, mulata, tabaco y ron.

     Con esta muestra Lázaro H Cano revitaliza además el recuerdo de sus inicios en el arte en la década del noventa, de una parte influido por el legado del padre, un diestro ebanista de renombre habanero; y de otra, por el rico ambiente cultural de una ciudad donde músicos[3], artistas, escritores y actores confluyen en pleno intercambio. Esa y la vida marginal de las calles, fueron su inspiración y única escuela ‒aunque sustenta su aliento creativo en la naturaleza y la religión Ifá, como centros determinantes de fortaleza y principales filosofías‒. Eran los duros años del llamado Período Especial en Cuba, que marcó a toda una generación con la ruptura del campo socialista y la desarticulación ideológica de la revolución; momento en el que los artistas se pronunciaron, determinando un antes y un después, que cambiaría el rumbo del Arte Cubano. Por aquel entonces Lázaro realizaba sus primeras muestras y andaba por las avenidas recogiendo troncos de árboles para construir sus esculturas; le creían loco por su enigmática personalidad y festividad casi infantil, de ahí que llamara la atención del propio Alberto Korda (1928- 2001), quien no tuvo reparos en fotografiarlo en varias ocasiones.

     Pudiera resultar curioso, como H Cano ha logrado mantener intacto ese lado puro, espontáneo e instintivo, en postulados que a ratos congenian con lo contemporáneo; insertándose sin mayores dificultades en los circuitos galerísticos de Suiza o Pamplona mayormente, y exponiendo sus piezas con regularidad en espacios públicos. Cuestión que responde a los giros que asumen los artistas outsiders del siglo XXI, ante las dinámicas de la sociedades de hoy. A pesar del tiempo vivido en varias urbes europeas, Lázaro mantiene su idiosincrasia, sin caer en encasillamientos ni clichés. Abierto a la experimentación, se nutre de su medio actual y explora nuevos posicionamientos, que le permiten compartir sus emociones desde la singularidad. Quizás sea esta la mayor lección a aprender, la de no abandonar nuestro lado salvaje, sensitivo, nuestros orígenes; ese por el que aún podemos llamarnos humanos y nos lleva a reconocer nuestros propios territorios, en el peso de una isla (…),[4] o la longevidad de un paisaje continental.

Yaysis Ojeda Becerra. Comisaria y crítica de Arte
(Madrid, 12 de febrero, 2017)
 Notas:
[1] Guy Pérez Cisneros (1915-1953). Características de la evolución de la pintura en Cuba. Tesis de Doctorado presentada a la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de la Habana, agosto, 1946. Editorial Dirección General de Cultura, Ministerio de Educación, La Habana, 1959.
[2] Título del bolero de la autoría de Edmundo Medina (Mundito) e interpretado en 1947 por Panchito Riset  (1910- 1988).
[3] De ahí que dedicara su primera muestra en Suiza a la agrupación de Jazz cubano Estado de Ánimo, con cuyos  músicos compartiera momentos inolvidables.
[4] Virgilio Piñera (1912-1979), La isla en peso, Editorial Tusquets Editores S.A, Barcelona, 2000.