De buscadores a encontrados

invit Naemi expo

Cualquier material pudiera resultar el soporte para sus piezas: juguetes rotos, muebles, ropas usadas, viejas fotografías y cuadernos, puertas, ventanas, muros y pedazos del olvido. Llevados por la carencia de recursos y una innata vocación antropológica, los artistas brut buscan inconscientemente hasta llegar al objeto y de un flechazo imbuirse en ese instante de inspiración, donde lo autobiográfico y los conflictos emocionales se desatan tras la morfología objetual. Bajo el signo del hallazgo, es el objeto quien sugiere la idea; quien reclama su transmutación hacia lo escultural, lo pictórico, el collage, o lo instalativo; en una fusión equilibrada de la nueva dimensión estética a sus contenidos iniciales.

De ahí que una notable característica, que distingue el uso de los materiales de reciclaje en los artistas brut y aquellos llamados contemporáneos, sea que mientras estos a la hora de articular un discurso, necesitan de esbozos e investigaciones previas, que se fundamentan en metodologías y herramientas técnicas, aprendidas en años de estudios en talleres y academias; los creadores brut en cambio, se dejan seducir por la intuición y el impulso creativo, para revertir las claves de un proceso espontáneo marcado por la precariedad; y lejos de razonamientos o algún orden lógico, elaboran la obra de arte con apenas una previsualización como guía. En el arte contemporáneo los materiales apoyan la idea conceptual de la pieza; pero en el art brut es el material el protagonista de una historia de renovación, contraria a preciosismos y vanidades intelectuales.

Durante la intervención del objeto, es significativo el vínculo que se establece entre el artista y la pieza, en una posible simbiosis extrasensorial, que en ciertos casos alcanza connotaciones místicas; y hacen que la fuerza semántica que va adquiriendo la obra, sea asumida a niveles casi animistas. El artista en esta relación de entrega y compenetración, puede llegar a convertirse en un elemento más de su propia producción, y exteriorizarlo de modo performático o mediante el cambio de su apariencia física. De manera que el buscador se convierte en el encontrado, y a medida que transforma también se va transformando. En ese camino de encuentro consigo mismo, se mantiene una comunicación íntima, fluida; la obra constituye un silencioso interlocutor; una especie de escape del medio reinterpretado por la mirada del sujeto; que desde una perspectiva un tanto grotesca, críptica y perturbadora, representa un universo alternativo a su cotidianeidad, y se muestra particularmente sensible al entorno social que le rodea. En determinados ejemplos, estos creadores pueden experimentar un apego obsesivo hacia ese mundo objetual que generan; en él se sienten seguros, a salvo, y lo conciben como refugio y materialización de lugares paradisiacos. Este comportamiento adictivo suele ser de relativa dependencia, al integrar las piezas a su entorno vivencial; o por el contrario, verse afectados por reacciones chocantes de amor y odio hacia las obras, al extremo de caer en ciclos continuos de destrucción y arrepentimiento.

A varios de los participantes en esta exposición, les pregunté sobre qué sucedería si de pronto abriesen los ojos, y no tuviesen alrededor ninguna de sus obras. La mayoría coincidió en una sensación extraña de vacío, perdida, agobio, desasosiego; y que volverían de súbito a elaborarlas. En las respuestas, era latente la necesidad de reconocerse en cada detalle que el momento de la creación les ofrece; de asumir el arte pese a todo, como actitud, espacio de encuentro y principal sentido de sus realidades; cual vía de resistencia personal a los modelos fallidos de las sociedades actuales, alejados de las esencias vitales del ser humano. Ellos en sus piezas, logran ser lo que crean.*

©Yaysis Ojeda Becerra 

Investigadora y crítica de arte

(Madrid, diciembre 2019)

Notas:

*Texto para el catálogo de la muestra “La Magia del Objeto Outsider”, organizada por NAEMI (National Art Exhibition of Mentally ill) en el Centro Cultural Español en Miami (febrero 2020). Los artistas participantes fueron: Isaac Crespo, Misleydis Castillo, Mario Mesa, Federico García Cortizas, Candice J. Avery, Eric Holmes, Adriam Horta, Jorge Alberto Hernández Cadi (El Buzo), Patrick La Fon, Milton Schwartz, Ramón Losa, Julián Espinosa Rebollido (Wayacon), Roger Sadler, Damián Valdés Dilla, Guillermo Marcos Casola (Rigo), Héctor Gallo Portieles (Gallo). Comisaria: Claudia Taboada Churchman. 

 

Once artistas brut frente a un contexto

Hablar sobre art brut en Cuba, resultaba complejo hace diez años atrás; cuando empecé mis investigaciones y noté la relativa confusión que existía con el término: se tenía una idea errónea de lo que pudiera ser un artista outsider o brut, al vincularlo sobre todo a padecimientos mentales; luego, las producciones autodidactas eran mejor asimiladas, si respondían a una línea naïf, popular, o seguían un orden académico. Entonces ¿dónde situar a aquellos artistas brut que no se identificaban con estas líneas artística? Una parte de ellos no se cuestionaban su clasificación o lugar, no tenían porqué; en cambio otros –insertados en los circuitos legitimadores– preferían asociarse a lo popular y naïf, por temor a ser marginados como “locos” por la sociedad y las instituciones; primeras en fomentar el desconcierto, debido a sus estrechas visiones y políticas culturales, sustentadas en este caso, en la incomprensión y el desconocimiento. De modo que el conflicto del sujeto artista, no solo se generaba desde el bien sabido ámbito social y familiar, sino también desde el institucional.

Era difícil encontrar bibliografía al respecto en la isla[1]; y los antecedentes más cercanos se remitían a inicio de los años sesenta, a la labor promocional de José Seoane Gallo (1936-2008) y Samuel Feijóo (1914-1992); quienes trabajaron con artistas autodidactas, en el afán de explorar los elementos folklóricos y etnológicos que caracterizaban la pintura popular cubana. El resultado más notable de la labor de Seoane, se concretó en la formación del Grupo de Pintores y Dibujantes Populares de Santa Clara (1957-1962), que luego continuó Feijóo, al incrementar esta nómina con otros artistas de la antigua provincia de Las Villas, para después re-denominarlo como Grupo Signos.[2] Un logro de carácter internacional, fue la muestra colectiva Arte Inventivo de Cuba (1983), organizada por Feijóo en el Museo de Art Brut de Lausanne, Suiza; gracias al interés que el artista Jean Dubuffet (1901-1985) mostró en estas producciones cubanas. La exposición estuvo conformada por más de 150 obras de 35 artistas, que de ninguna manera fueron consideradas brut, a pesar de haberse expuesto en ese escenario. Eran innegables los puntos de encuentros en las obras de algunos artistas, pero el propio Feijóo insistía en aclarar las diferencias, al sostener que el movimiento plástico de Las Villas surgía de la naturaleza y la fantasía cubana, sus mitos y regocijos.[3]

Por otro lado,  en los hospitales psiquiátricos de Santiago de Cuba, La Habana, Camagüey, y el centro de salud mental de Remedios (Villa Clara),[4] existieron breves experiencias con la Arteterapia, que motivaban al paciente hacia las artes plásticas, teatro, danza y la música; pero que no derivaron en aportes concretos al campo de las Artes Visuales, puesto que centraban su interés en el efecto terapéutico de dichas manifestaciones artísticas. Estaba claro que debía emprender un camino prácticamente de cero, que inicié con el proyecto comunitario y de arteterapia Entre Cipreses y Girasoles, en el Hospital Psiquiátrico de Villa Clara (2008 – 2012). Con él, pretendía empezar un estudio basado en mis propias experiencias, en contacto directo con posibles creadores;  y explorar los patrones comunes dentro del proceso creativo (…)

Durante los años que duró el proyecto se implicaron altruistamente, artistas, escritores e instituciones culturales,[5] que colaboraron en talleres, donaciones, exposiciones y otras acciones plásticas. Nos proponíamos, además de contribuir en la rehabilitación de los pacientes, identificar a aquellos creadores –dentro o fuera del ámbito hospitalario– que por sus rasgos y producciones, se inscribieran en esta expresión artística; así como apoyar el desarrollo de sus obras, mediante la generación de proyectos curatoriales y la investigación a fondo de sus producciones. Parte de los resultados de esta experiencia, quedaron publicados en el libro de testimonios y ensayos El Aullido Infinito (Premio Memoria, Editorial Centro Pablo de la Torriente Brau, La Habana, 2015); donde se registraron las problemáticas entorno al art brut en Cuba, en la voz de sus únicos protagonistas: los artistas.

El aullido infinito ,Autora Yaysis Ojeda Becerra, Editorial Pablo de la Torriente Braujpg

En la actualidad el escenario algo ha cambiado, al menos en la capital. A partir del 2012, con la presencia de Juan Martín, director de NAEMI  (National Art Exhibitions of The Mentally Ill), y de Daniel Klein, presidente de la Fundación Art Brut Project, se empieza a llamar la atención sobre la obra de determinados creadores brut, fundamentalmente de la región occidental; al realizarse puntuales muestras y eventos[6] que propiciaron una breve revaloración de estas producciones desde la institución arte; además del intercambio con museos, coleccionistas y galerías de diferentes partes del mundo. NAEMI y la Fundación Art Brut Project fueron un detonante que señalaba la existencia del género en el país; e impulsaron en La Habana, la puesta en marcha de iniciativas, como Psicoartecubano, proyecto social, artístico y terapéutico, sin fines de lucro, que organiza el promotor y psicólogo Pablo Hermes Rodríguez Mesa, con la intención de localizar y apoyar a creadores del género;  Riera Estudio, dirigido por el artista Samuel Riera en su estudio taller, que tiene como objetivos la investigación y trabajo con aquellas producciones artísticas de carácter marginal; promover la obra de los creadores que integran el proyecto, y ofrecerles la oportunidad de insertarse en el mercado del arte. [7]

Por otro lado, las distintas publicaciones por agentes e investigadores en las redes sociales y revistas de arte especializadas, tales como Bric-á-Brac y Raw Vision; o el reconocimiento de SPACES[8] de espacios de Arquitectura Brut en Cuba, generaron una mayor visibilidad e interés internacional. Mientras tanto, en la Isla, se apreciaba una discreta  divulgación del género, en las páginas de las revista Guamo y Umbral; los periódicos Vanguardia,  Trabajadores, El Caimán Barbudo ; o los sitios digitales de Verbiclara, Cubanet, Havana Times,  Radio Enciclopedia, y el Diario de Cuba, por solo mencionar algunos.

Pero aún resulta insuficiente el reconocimiento de estos creadores que siempre han estado ahí, y se hace notar la ausencia de proyectos investigativos y curatoriales que los incluyan y muevan en las instituciones; o que al menos introduzcan la mención del género en talleres y los programas de estudios de las carreras de Arte. Los artistas brut cubanos, empiezan a ser más conocidos fuera del país que dentro, donde el silencio del nothing happens los absorbe. En el exterior los medios especializados, ferias, colecciones y galerías, los acogen y valoran por la autenticidad y fuerza de sus obras. En tanto, se van sumando nombres a una relación de artistas que apenas comienza; y que desde una estética diversa, también enriquecen el panorama actual de la plástica cubana. Entre ellos:

Arturo Larrea Cárdenas (La Piedra, 1980), busca en la pintura un sitio de paz a sus tormentos. Desde la adolescencia padece de continuas crisis de esquizofrenia paranoide. Ha sido premiado en certámenes de artes plásticas y ha participado en exposiciones personales y colectivas en diferentes casas de culturas y galerías. En sus producciones artísticas resulta apreciable, su paso por dos etapas: La primera, que el propio artista denominó «Foco rosa» por la notable insistencia en el color rosa, aunque es el negro el que predominaba para acentuar atmósferas de marcados contrastes. Lo figurativo y lo abstracto se fusionan en series de acento erótico, realizadas con una técnica mixta sobre cartulina. En ellas, abordaba las relaciones afectivas en sus diversas variantes; y recreaba retratos femeninos de fisonomías similares a la de su madre, detalle este que hacía evidente su paso por el síndrome de Edipo. Con el trazado de bustos desnudos y escenas de grupos en posibles orgías, pretendía mostrar la belleza del cuerpo femenino y del acto sexual. En una segunda etapa, Larrea enfatizaba en el tema de la religión cristiana; de ahí que clasificara sus pinturas como Apologetic art: teología que defiende la fe cristiana a través del arte. Durante este período se aprecian notables cambios en cuanto al soporte, el formato y las técnicas. Opta definitivamente por trabajar con óleo y acrílico sobre telas de mediano y gran formato; y empieza a aplicar el color con mayor osadía, a golpe de espátula, sin abandonar el uso del negro. Se hacen frecuentes los autorretratos, y el paisaje como contexto empieza a tomar protagonismo, pero siempre sujeto a una reinterpretación de su realidad circundante: contradictoria, caótica, perturbadora. Cae por momentos en crisis destructivas, que lo han llevado a dañar sus obras y apuntes, a negarse a si mismo. Vive en el caserío de Jiquiabo, junto a sus padres, donde hace muy poca vida social y continua sobreponiéndose de cada recaída. Sus pinturas continúan en evolución y actualmente experimenta una etapa más arriesgada y abierta hacia lo sexual. Artista descubierto mediante al proyecto Entre cipreses y Girasoles, y primero con el que se inauguró una muestra en Cuba de Art Brut, bajo esta denominación.[9]

Esperanza Conde Rodríguez, Pía (Villa Clara, 1966) no sabe por qué pinta, pero si no lo hace siente que ‘se vuelve loca”. Es una agricultora que vive de lo que cosecha en el campo junto a su marido, para mantener a sus hijos. Apenas ha estudiado y no posee conocimiento alguno de arte. Cuando pinta no puede parar, lo hace al regresar de trabajar la tierra, o por las noches; y lo va cubriendo todo: las paredes de la casa, papeles, telas viejas o cualquier soporte que tenga al alcance. Cuenta que ve cabecitas humanas que le dicen que quieren salir fuera, y hasta que no las pinta, no logran callarse. Va pintando de manera intuitiva, imágenes de hombres y mujeres de parecidas fisonomías; algunos fragmentados y en posiciones absurdas, junto a animales y plantas que la mayoría jamás ha visto en vivo. Las recargadas composiciones no siguen un único ritmo, y utiliza colores opuestos y brillantes. Circunda los bordes de las imágenes con gruesas líneas que moldean la masa compacta de personajes. Nunca pone títulos, ni le gusta llamarse artista. Solo pinta, siguiendo un impulso inexplicable, imposible de controlar, que le alivia ese cúmulo de imágenes en su cabeza. Continúa viviendo en el poblado de Dolores, cerca de Caibarién, en la zona central del país.

Jesús Espinosa Carrillo (Remedios, 1951), de prodigiosas alucinaciones y noble alma; pintor imprescindible del medio artístico remediano, donde es respetado y querido. En la Galería Carlos Enríquez de Remedios, ha realizado numerosas exposiciones y ha obtenido reconocimientos por su intensa labor creativa. Desde su juventud padece de esquizofrenia, y permaneció recluido por largos períodos en el centro de salud mental. Suele cubrir las paredes de su casa con murales que renueva cada cierto tiempo; en ellos, la imagen dibujada suplanta la ausencia real del objeto o persona representada. La mayoría de sus obras son acuarelas o dibujos sobre papel y cartulinas, que acostumbra a firmar con una hormiga, cual símbolo de laboriosidad. Jesús padece de alucinaciones, y de tanto en tanto, asegura tener las inesperadas visitas de hermosas mujeres que le acompañan por horas, o durante toda la noche; mujeres que luego lleva a sus pinturas en posiciones danzantes o semidesnudas. Llama la atención el tratamiento del color en sus obras y el uso de una pincelada firme y esparcida. Sus composiciones intuitivas, de rasgos torpes y primitivos, han servido de inspiración a jóvenes generaciones que suelen admirarlo como un maestro del arte, que guarda cuidadosos secretos.

Noel Guzmán Boffill Rojas, Bofill (Remedios, 1954), extrovertido artista de ilimitada imaginación e ingenio. Es miembro de la Uneac y ha realizado innumerables exposiciones personales y colectivas en Cuba y el extranjero. Posee premios y reconocimientos en salones de artes plásticas; y una obra suya conforma la muestra permanente del MNBA. Ha convivido con sus delirios, hasta hacerlos parte de su vida y obra. Una niñez marginal, la guerra en Angola, y el tiempo transcurrido en prisión, marcaron sus producciones plásticas con una solidez incuestionable y un enfoque autorreferencial, hacia tópicos que van desde lo social, religioso, histórico, y paisajístico. En las imágenes religiosas que trabaja, se destacan sus numerosas representaciones de vírgenes y cristos, que en su mayoría provienen de la estética marginal del tatuaje presidiario. Incorpora con frecuencia refranes, poemas y otras alegorías literarias, haciendo uso de la caligrafía al natural. En los retratos, suelen destacarse aquellos realizados a los líderes revolucionarios: tema por el que manifiesta una curiosa obsesión; mientras que en los autorretratos puede transfigurar su imagen en personalidades de la historia, las artes y la cultura universal. Bofill expresa una peculiar filosofía de vida de inclinaciones mediúmnicas, donde fusiona la escenificación, lo místico, lo erótico, lo humorístico, lo absurdo y lo poético con la realidad. En ese interés por exteriorizar y compartir su arte, ha convertido su casa en un verdadero santuario artístico, donde el conjunto de las piezas y los objetos de la cotidianidad coexisten, hasta mezclarse y crear un ambiente críptico, y a la vez acogedor. Las paredes internas, externas y parte de los techos, han sido decorados con extensas pinturas murales, y los fragmentos de obras dispersos por las habitaciones, se utilizan con diafanidad y rara elegancia. Su casa ha sido reconocida por SPACES como un sitio de fantástica arquitectura brut. Posee un estilo sumamente original, que se nutre de la confluencia de varios rasgos: primitivo, naïf, y siempre contemporáneo; confluencia típica en los artistas brut, y que lo convierten en un significativo exponente del género  en Cuba.

Clara Ortiz García (Santa Clara, 1961), creadora que se desdobla a través de sus pinturas en varias caras y facetas. Sufre de personalidad múltiple y presenta rasgos esquizoides. A los cuarenta años empieza a pintar bajo la tutela de José Seoane Gallo y rápidamente obtiene sus primeros premios. Ha realizado varias exposiciones personales y ha participado en salones de arte popular y naïf; pero no le gusta encerrarse en esta manifestación, puesto que en diversos casos tuvo que adaptar sus obras, para ser aceptada. Como artista siente otras necesidades expresivas, en tópicos y posturas audaces que se alejan de la línea popular. Por lo general, trabaja una técnica mixta sobre cartulina, aunque predomina el uso de la acuarela. Sus representaciones suelen ser autorreferenciales, y su imagen puede verse transfigurada a través de individuos de diferentes sexos, objetos, incluso en flores y animales, desde un enfoque simbólico y a ratos experimental. En ocasiones, ha preferido explorar su mundo interior, en obras de complejas narraciones, y en composiciones donde la síntesis de elementos, conviven con la sobriedad del color. Sus piezas llegan a proporcionarle un desesperado estado de amor/odio, que la pueden llevar a la destrucción de las mismas, de ahí que la gran mayoría se encuentren donadas a las principales instituciones de cultura de la ciudad de Santa Clara. Es consciente de ser una artista brut y se reconoce “maldita” por ello, en un camino que puede llegar a ser tortuoso, por los tantos estigmas sociales y culturales que aún encuentra a su paso.

Julián Espinosa Rebollido, Wayacón (Cienfuegos, 1941), es un bohemio, un aventurero de mirada nostálgica y fascinante universo. Su obra se ha inscrito en una vertiente que va de lo contemporáneo a lo naïf, sin ser totalmente esta su línea creativa, ni su única fuente de inspiración. Sus premios, reconocimientos y exposiciones son incontables. Es miembro de la Uneac y es considerado una personalidad de la cultura cienfueguera de extraordinario carisma. Obras suyas integran la colección del MNBA. De intenso andar por la vida, estuvo durante mucho tiempo como un vagabundo; habitando en cementerios, vagones de trenes y fortalezas abandonadas. Padeció de alcoholismo y crónicos cuadros depresivos, y aún se mantiene medicado, debido a repentinos estados que puede experimentar. Fue combatiente revolucionario y posee diversas medallas, por su actitud heroica en batallas decisivas de la revolución, como el combate de Playa Girón. Estuvo también en la Guerra de Viet Nam, y guardó prisión en Cuba durante las injustas leyes contra “Los vagos”. Realiza sus pinturas sobre cualquier soporte, incluso ha pintado sobre animales vivo con los que ha realizado acciones plásticas; posee series pintadas de ropas y accesorios, algunas dedicadas a la memoria de su madre; ha trabajado el performance, el collage, la escultura, y las instalaciones. Sus obras pueden llevar implícito temas que van desde lo social hasta lo erótico; donde prevalecen los personajes de sus “mamitas”, como símbolo de admiración y deseo hacia la sensualidad femenina. Le caracterizan: los colores brillantes, el uso de empastes, el contorno de las figuras por gruesas líneas; y el empleo de números y símbolos propios, que van tejiendo una narración alrededor de cada pieza.

Nivia de La Paz González (Camajuaní, 1940), es una carismática artista que sobrevive encerrada en las memorias de otras épocas. Repentinos cambios marcaron su juventud e historia personal; y estuvo ingresada con un diagnóstico de esquizofrenia, para luego permanecer bajo medicación. Su vida está signada por la soledad y un impactante encuentro con el Che Guevara en diciembre de 1958, que la ha convertido en objeto de fabulaciones populares. Es una poetisa y creadora representativa de la plástica villaclareña, a pesar de esporádicos distanciamientos que mantiene con las instituciones culturales. La editorial Capiro de Villa Clara le publicó el poemario Me saludo mortal y me retiro (2004); y sus poemas aparecen en las revistas Signos, Guamo y en la antología Faz de tierra conocida (Yamil Díaz Gómez, Letras Cubanas, 2010). Mayormente trabaja la pintura, el collage y el dibujo, desde la añoranza de tiempos pasados. Las paredes de sus habitaciones las decoraba con sus propias pinturas, llegando a desarrollar extensos murales; y conserva cientos de enciclopedias de artes elaboradas por ella misma. Vive en precarias condiciones y utiliza cualquier soporte y material que le permita expresarse. Sus obras guardan un carácter autorreferencial, debido a los disímiles autorretratos que solía pintar; resulta notable el uso de las máscaras o transfiguraciones de personas en animales, como si la vida fuese un eterno carnaval de disfraces.

Joaquín Morales López (Sagua la Grande, 1963), de obsesivo carácter y férrea voluntad por crear. Desde niño ha sufrido disímiles disturbios mentales, y luego de adulto pasó desde cuadros depresivos y alcoholismo, hasta trastornos de la personalidad con inclinaciones agresivas; además de una enfermedad cancerígena, por la que se ha visto bajo tratamientos e ingresos. En las artes plásticas ha encontrado una vía de escape a sus padecimientos, una realidad paralela. Joaquín gusta de experimentar en sus piezas, al punto de lograr complejas texturas y efectos visuales, para los que utiliza materiales y soportes poco convencionales. Suele hacer reinterpretaciones de los maestros de la pintura universal; y siente especial admiración por la obra de los artistas cubanos Wifredo Lam (1902-1982) y Ever Fonseca (Manzanillo, 1938), por quienes se siente influido. Este artista, resulta una especie de copista que constantemente reelabora a los clásicos y hasta su propia realidad, logrando de este modo, escapar de ella. Ha incursionado además en temáticas históricas y políticas, con singulares retratos a Fidel Castro y los cinco héroes.

Ramón Moya Hernández, Moya, (Guantánamo, 1950) Procede de una familia campesina y pobre que vivían en una zona intrincada de las montañas de Guantánamo. En1984 comienza sus primeras obras realizando esculturas de pedazos de madera que recogía por las calles. En ellas esculpía imágenes, que visualizaba antes en las formas de la madera. Ha realizado diversas piezas performáticas e instalaciones, y es considerado un destacado escultor de los ochentas y noventas en la plástica cubana. Sus obras han sido reconocidas por críticos y personalidades del Arte. Ha participado en diversas exposiciones y ha ganado numerosos premios y reconocimientos. Se inspira principalmente en temas políticos y sociales, que aborda con fuerza, en una especie de aparente fusión o juego irónico con lo religioso. Lleva un modo de vida anticonvencional y suele andar descalzo por las calles como parte de sus posturas artísticas. Siente un especial apego por el monte y la naturaleza que lo llevan a experimentar las sensaciones libres de un cimarrón, de ahí que pase largas temporadas en el monte, y que lo sienta como su habitad natural. Por momentos se desdobla en tres personalidades distintas que van cambiando su tono de voz, temas al hablar y hasta su vestimenta. Para la confección de sus obras utiliza materiales naturales o desechados por el uso cotidiano. Conserva parte de sus obras, amontonadas, en un espacio que llama su madriguera. Es un martiano férreo y todo el tiempo parafrasea sus versos y escritos con total lucidez. En la ciudad de Guantánamo se le conoce por sus actos de bondad, consecuencias de sus preocupaciones hacia el entorno y la justicia humana. Moya en sí, es parte de sus propias piezas, de ahí esa imagen sorprendente, que contrasta con su figura menuda y sana humildad. Suele ser objeto de varias leyendas urbanas, y de una eterna interrogante ¿loco, brujo o artista?

Héctor Pascual Gallo Portieles, Gallo (Campo Florido, 1924), de joven fue barbero y era colaborador revolucionario. Su participación fue clave para el triunfo de la batalla a Playa Girón, y en el año 60 se convierte en diplomático, para representar a Cuba por distintos países. Después de su retiro, durante los años del período especial, Gallo no podía ganar lo suficiente para mantener a su familia y abandona su confortable apartamento en el centro de La Habana. Es entonces cuando se establece en el barrio de Alamar, un sitio conocido por la Siberia, debido a los edificios de la década del 70, con diseños importados de la entonces Unión Soviética, en avanzado deterioro y de infraestructuras que nunca fueron terminadas. Allí, la cotidianeidad se le volvió compleja, y entre las carencias materiales y la angustia de no tener que comer, llegó a valorar el suicidio. Pero un día empezó a reutilizar objetos de desechos con una función estética, a otorgarles un nuevo sentido sin despojarlo de su contenido original. A partir de ahí su vida retomó un nuevo curso, que él mismo describe como un renacer desde el Arte. Gallo recolectaba materiales y creó un jardín de esculturas e instalaciones que llamó el Jardín de las Afectos. Mientras, en el interior de su apartamento, empezó a conformar lo que sería la Galería de Afectos, cubriendo las paredes con aglomeraciones de objetos, que narrarían su historia personal. De barba blanca y espesa, brazaletes, collares, y una fuerte carcajada, Gallo es un anciano con aires de profeta y contagiosa alegría, que se confiesa portador de una filosofía humanista, cuya esencia radica en el amor y en esa necesidad de compartirlo, de ser querido. Pide ser enterrado al pie de una Ceiba del jardín, que él mismo plantó hace más de veinte años y donde tiene preparada su propia tumba. Tanto el jardín como la galería de afectos, son sitios reconocidos por SPACES como espacios de arquitectura brut en Cuba. Tanto el jardín como la galería de los afectos, son sitios reconocidos por SPACES como espacios de arquitectura brut en Cuba. En el 2014, a modo de homenaje por su 90 cumpleaños, la Fundación Art Brut Project publicó un catálogo en su nombre y produjo el documental “Gallo, la vida otra vez!“.

Misleidys de la Caridad Castillo, (Mayabeque, 1985) Nace en Güines, un pueblo cerca de La Habana. Durante su primer año de vida se le diagnosticó una sordera neurosensorial bilateral severa, disritmia cerebral y un trastorno del espectro autista. Desde entonces, su madre prefirió educarla por su cuenta, puesto que no existía un Centro de Educación Especial adecuado para su discapacidad. Al no hablar ni escuchar, ha desarrollado con su madre un modo de comunicación por signos y gestos, solo entendibles entre ellas. Desde pequeña le gustó dibujar, pero ya de adulta, comenzó a dibujar grandes piezas de figuras humanas, que recortaba y pegaba en las paredes usando cinta adhesiva. Las imágenes eran de hombres y mujeres musculosos de expresivos rostros y aspectos monumentales, semidesnudos y en poses estáticas. Las representaciones también pueden ser de cabezas en posiciones frontales o de perfil, fragmentos de pies, o animales. Figuraciones que lo mismo agrupa en unidad de tres y cuatro o individualmente; y cuyos tamaños pueden variar, pero siempre usa el mismo patrón para dibujar y aplicar el color. La razón por la que comenzó a representar esta especie de héroes o gigantes, sigue siendo un misterio, aún para su madre, que es la persona más cercana a ella. Quizás de todos los artistas antes mencionados, es Misleydis la artista brut cubana más conocida internacionalmente, gracias a su estrecha colaboración con NAEMI y la Galería Christian Berst; encargados de representarla en prestigiosas ferias y eventos internacionales de arte.[10]

(…)

Yaysis Ojeda Becerra

(Investigadora y crítica de arte)

Madrid, diciembre, 2018.

Notas:
[1] Apenas algunos artículos en la revistas Islas, Signos y Bohemia; o sendos capítulos en el Summa artis, Historia General del Arte, vol I, de José Pijoán (Madrid, Espasa-Calpe, S.A,1955, p.503-512); y de Pierre Roumeguère El arte de los enfermos mentales y de los niños, en el libro El arte y el hombre de René Huyghe (La Habana, Instituto Cubano del Libro, 1972, p.80-83); ambos ejemplares desactualizados y con terminologías obsoletas. Es de tener en cuenta que en estos años, la búsqueda de materiales online era complejo, debido a las restricciones de la internet; y los libros en pdf de autores como Michel Foulcautl y Humberto Eco, pasaban fotocopiados de mano en mano.
[2] Con este título, también bautizó en 1969, una prestigiosa revista que hasta hoy se mantiene; y mucho antes había publicado el libro Dibujantes y Pintores Populares de Las Villas (Editorial Universidad Central de Las Villas, 1962).
[3] Aclaración oportuna, Islas, números 28, Universidad Central de Las Villas, enero-marzo, 1968, p.258.
[4] En la década del setenta, en el Hospital Psiquiátrico de La Habana, bajo la dirección del doctor Bernabé Ordaz (1921-2006), tuvo lugar varias iniciativas culturales, que incluían exposiciones colectivas de pacientes y artistas. Paralelamente en el Hospital Psiquiátrico de Santiago de Cuba, dirigido por Alberto Orlandini, se puso en práctica un proyecto de Arteterapia encaminado al tratamiento del alcoholismo en pacientes con desordenes mentales. Con posterioridad en el Hospital Psiquiátrico de Camagüey se trabajó con los pacientes la cerámica, el psicodrama, la ludoterapia y la novela spress. Mientras, durante los noventas, en el Centro de Salud Mental de Remedios (Villa Clara) se creó una brigada artística, para animar tanto a pacientes como a doctores, en aquellos duros años.
[5] Los artistas participantes fueron: Aliegmis Bravo Cuan, Josué Bernal Escudero, Jorge Luis Sanfiel, Isabel Coello Trimiño, Eridanio Sacramento Ramos, Yolmis Mejías, Rachel Paredes, Anelys Valdés Castillos, Amilcar Chacón Iznaga, Frank Michel Johnson Pedro, y Clara Ortiz, entre otros; y los escritores: Yamil Díaz Gómez, Laritza Fuentes, Irina Ojeda Becerra y Jorge Luis Mederos (Veleta). Además de la colaboración de la AHS, Galería Pórticos, UNEAC de Villa Clara, Arche Galería, Fondo de Bienes Culturales, Museo Provincial de Historia, Academia de Arte Leopoldo Romañach, Galería Wifredo Lam de Sagua La Grande, Consejo de las Artes Plásticas y La Piedra Lunar.
[6] Vale destacar: dos muestras colectivas en la embajada de España en La Habana: “Ecos del inconsciente (noviembre 2014) y “Encuentros(marzo 2017), organizadas por Juan Martín y Daniel Klein. La exposición colectiva “Balada para Quasimodo” (febrero 2015), dedicada a la familia Ortiz García, Galería Luz y Oficio, Centro Provincial de Artes Plásticas y Diseño, La Habana, comisariada por Magdalena Rivas Rodríguez, quien también realizaría la muestra personal “El mundo de Gallo”(marzo 2014), en la Casa de la Poesía, Habana Vieja. Además del proyecto “Museo de Arte Maniático”(MAM), constituido por una serie de tres muestras realizadas en Espacio Aglutinador, La Habana, del 2012 al 2013.
[7] Entre las varias muestras que se organizan en Riera Estudio, es de mencionar las colectivas: “Efecto-Corrección”, Fábrica de Arte Cubano, La Habana, abril 2017; “Cuba Outsider”, Galería Hamer, Ámsterdam, nov-dic 2017; y “Dibujos de Cuba”, Museo Kunsthaus Kannen, Alemania, febrero-mayo 2018.
[8] Organización no lucrativa y de beneficio público, creada con un enfoque internacional para el estudio, documentación y preservación de ambientes y actividades artísticas autodidactas.
[9] Se tituló Cuando la luz de la Aurora, y se inauguró en noviembre del 2008, en el Museo Provincial de Historia de Villa Clara. La reseña de esta muestra “Arte bruto en Santa Clara”, por Yaysis Ojeda Becerra, fue publicada en Guamo, año 3, número 3, Santa Clara, enero 2009, p. 2-3.
[10] Fragmento de dos conferencias dictadas por la autora, durante el curso Art Brut: mundos paralelos. Brutalidad y sinceridad en el arte. II Edición. Facultad de Bellas Artes. Universidad de Granada, España, Abril 2018. Este texto fue publicado además en la revista Bric-á-Brac, número 2/2019.