Dos artistas del hambre I

Llegué a Pedro gracias a la insistencia del buen amigo y artista Luis Pérez Calvo, quien llevaba meses hablándome de él. Me decía que el hombre se ponía todas las mañanas a pintar en la esquina del McDonald del Hotel Nacional, de la Glorieta de Atocha. Y al enviarme las imágenes de sus trabajos, pude intuir algo diferente que lo hacía despegarse de los típicos dibujantes de los alrededores del Prado, que intentan atraer la atención de los turistas de la zona. La primera vez que pude pasar a conocerle, era de tarde y no lo encontré. Volví semanas después por la mañana, y tras un breve encuentro conocí su historia personal. 

Aquel día estaba Raúl, un amable transeúnte que con el paso del tiempo se había convertido en amigo del pintor y en albacea de varios trabajos suyos, que compró durante años por admiración y por caridad. Algo que solía hacer con distintos dibujantes que encontraba en el desamparo de las calles y del hambre, entre ellos también Sonia. 

Sean estos dos encuentros, el de Pedro Alonso San Julián y el de Sonia María Castro Méndez, un tributo a la valentía de aquellas personas con alma de artistas, que en situaciones de calle y vulnerabilidad social, optan por seguir ese impulso creativo que los guarece y renueva por dentro.

Amaneceres de Pedro Alonso San Julián

Él, pintaba los soles que tanto añoraba en prisión. Esperaba que la luz apareciera entre los barrotes cada mañana y así estuvo durante años. Era una suerte que al fin pudiera ver los amaneceres en libertad, en la calle; y sentir la luz directa sobre la piel, sin restricciones de horarios o espacios.

YOB: ¿A qué edad entraste en la cárcel? 

PSJ: Muy jovencito entonces. Era un crío con 17 años. Aunque bueno, con 16 ya estuve preso. Que no tenía que haber estado, porque como en la comisaría no me daban de comer, me dijo el comisario: “mira, te tenemos que mandar a la prisión que aquí no tenemos comida para darte”. Eso fue estando yo escapado de casa. Joder. Era chaval, ahí era chavalito. Llegué a la prisión para que me dieran de comer y ahí me tiré hasta que pudo venir a buscarme mi familia, porque estaba escapado, ¿vale? Luego pagué otras condenas. Que cuando estás ahí, te llevan a los cuatro o cinco años a la central de la instalación para hacerte un tratamiento general, para clasificarte digamos, a ver qué personalidad tienes, si eres violento, si eres conflictivo, ¿entiendes? Y puede ser que te bajen algún año por comportamiento. Aunque yo volvía a reincidir, robaba y me metía en líos.

YOB: ¿Hasta qué edad estuviste preso? 

PSJ: Hasta pasados los 45. 

YOB: ¿Dibujabas también en la cárcel? 

PASJ: Sí, me hacían sentir bien y los regalaba todos. Quitando la primera vez que me los llevé. ¿Sabes? Pagué seis años a punto, día a día. Cuando salí, algunos de los dibujos que tenía en la pared me los llevé para la casa y los puse en mi habitación. A mi madre le gustaban. Ella ya no está viva. Cuando murió se destrozó la casa entera y cada uno de los cinco hermanos cogimos por nuestro rumbo.

YOB: ¿Y qué tiempo llevas viniendo aquí a la calle, a pintar? 

PSJ: En la calle pintando llevo desde el ´84, ´85. 

YOB: ¿Siempre vienes a este sitio? 

PSJ: Sí, solamente a este sitio. Vengo por las mañanas, aunque haga mucho frío como hoy. Y antes venía por las tardes, porque he estado enganchado a la heroína y a la cocaína y eso me hacía estar más en la calle. Hace tiempo que me he retirado de todo eso, pero he estado con las peores drogas. Prefiero contarte mi realidad, que la gente sepa la verdad de los que estamos en la calle.

YOB: ¿Eres de Madrid, Pedro?

PASJ: No, no soy de Madrid. Llevo ya mucho tiempo aquí en Madrid, pero soy de Zamora. Es una tierra con muchos monumentos y conventos. Pinto mucho la Zamora que yo recuerdo, sus paisajes, sus sitios antiguos, sus murallas de piedra. Allí nací en el año 1952, por lo que tengo 69 años. Ahora vivo en un chalet de Lakoma. ¿Sabe lo que es Lakoma, no? Lakoma es una asociación que trabaja con gente que tienen problemas de alcoholismo, de drogas, ¿me entiendes?, personas que han estado tocados por alguna razón. Entonces, donde estamos es un chalet y nos atienden. Ya casi todos somos gente mayor. Es una convivencia, pero está ahí y es un sitio donde tenemos un techo y estamos cuidados. 

YOB: ¿Cómo sueles trabajar estos dibujos? 

PASJ: La forma se las voy dando a medida que los voy trabajando. Poco a poco voy buscándole la vuelta a lo que quiero, porque me los voy sacando de la cabeza, ¿entiendes? Y si me pongo a ello, no me tardo mucho. Este, por ejemplo, lo hice casi en el mismo día. En un día ya lo tenía más o menos rematado. Tengo que tenerlo en la cabeza para plasmarlo y sale.

YOB: ¿Cómo te sientes aquí, pintando en la calle?

PASJ: Vengo a la calle porque me motiva la gente que viene a verme, y a los que veo que pasan. A veces, van demasiado de prisa. Me motiva que se interesen y se paren, aunque no siempre compren algo. Me motivan cuando puede interesarles lo que otro como yo hace. Para mí es muy importante sentirme así. Me motiva cuando los chicos van para la escuela y se paran a ver los dibujos, ¿entiendes? Eso me motiva. Estar aquí y crear algo que a alguien le llame la atención. En la vida tienes que mantenerte motivado con algo. Puedo trabajar incluso en un sitio cerrado, pero no es igual, no estoy a gusto sin ver a la gente que pasa; y luego me salen sus caras en los dibujos.

YOB: ¿Eres retratista también?

PASJ: Las caras no es lo mismo. Hubo un tiempo que empecé a retratar bien y la gente me hacían una cola interminable para que los pintara. Pero no he vuelto a hacer retratos, porque el ritmo de vida que llevo ahora no es como antes. Y para pintar retratos tienes que emplear muchísimo más tiempo. Luego, necesito ver a la otra persona motivada también, y que se vea retratada. Yo te pinto como te veo. Ellos son los que tienen la batuta, digamos, ¿no? Si yo veo que ellos de verdad se esmeran, yo me esmero, ¿entiendes?, porque veo el interés que tienen. Yo no soy una máquina de pintar. Tengo sentimientos y salen a la hora de pintar. A veces, cuando me piden que los retraten, les pido que me traigan un primer plano, unos regresan y otros no. Yo, por mi parte, me responsabilizo en hacerlo bien.

YOB: ¿Cuánto cobras por tus dibujos?

PASJ: Depende de ellos, de lo que crean y puedan dar, y a partir de ahí me responsabilizo más. Lo que me pagan me alcanza para comer y con eso me es suficiente. Pero hacer un retrato o un dibujo para otro, no es pintar por pintar; y al esforzarme también debo contar con lo que la salud me permita hacer. 

YOB: ¿Estás medicado?

PASJ: Sí, aún estoy tomando Metadona que es un medicamento que sustituye la heroína. Desde que empecé a tomarlo no me ha pasado nada en absoluto, ni enfermedades, ni nada. La impresión que tengo es que lo mata todo. Me va por toda la sangre. Me llevó muchos años dejar la droga y ahora este medicamento es lo que me mantiene sano. Llevo más de veinte años tomándola sin parar. Fue difícil quitarme la dependencia y con la Metadona ni me refrío ni me pasa nada. Es como si la llevara ya en sangre y se repartiera por todo el cuerpo. Me da la impresión que mata todos los virus que están por las venas. Lo que si me ha quedado para siempre es la insuficiencia respiratoria. No puedo hacer esfuerzos porque me muero. Me ahogo si hago las cosas con prisa, o cuando corro, por ejemplo, no puedo. Por eso voy despacio ya, disfrutando de mis dibujos y de compartirlos con la gente, que es como ver la luz del sol en cada amanecer. 

Yaysis Ojeda Becerra (Investigadora de arte y ensayista)

Madrid, febrero 2021.


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