
Los ángeles de Sonia
Por aquellos días, ella estaba siempre justo en la puerta de la iglesia de San Sebastián. Allí vendía lienzos al óleo de pequeño formato y brillantes colores, con imágenes religiosas, apariciones místicas y ángeles que deambulaban por las calles de Madrid; mientras, extendía del otro lado, el vaso para la caridad.
SMCM: ¿Sabes que es el tercer ojo? Es el ojo de Dios y por eso me salen los ojos así en las pinturas. Cada persona tiene este tercer ojo desde el momento en el que nos situamos cerca de Dios. Es el ojo crítico de Dios que nos dice cuál es el camino. El camino siempre es difícil, el camino tiene muchos enemigos y es difícil de seguir.
YOB: ¿Cómo empezaste a pintar y a vender tus lienzos en la calle?
SMCM: Yo en realidad quería probarme a mí misma que podía manejar el óleo, porque tenía la idea en la cabeza de cómo hacerlo. Nunca he estudiado, pero daba por sentado que una vez que cogías la pintura, el lienzo solo se iba a abrir a decirte cómo tenías que llevar la pintura para un lado y para otro. Era mi idea y me puse a hacerlo. Pero luego ya no pude seguir haciéndolo, porque no tenía espacio, no tenía sitio, al mudarme a un sitio más reducido. Solo tengo la EGB y unas nociones básicas, más o menos, sobre lo que es la perspectiva y todas estas cosas. Pero bueno, conseguí manejar mis manos para que pudieran figurar aquello dentro del lienzo o dentro del papel. Fue cuestión de práctica. Y me salieron aquellas cosas. No es que estén muy allá, pero bueno, a mí me parecían bonitas cuando las estaba haciendo.
YOB ¿Cuántos años estuviste pintando?
SMCM: Pocos, me tiré dos años. Fue cuando llegué aquí a Madrid, en el 2012. Vine desde Granada, porque había muerto mi padre y estaba muy enfadada con mi madre. Y bueno, yo es que en realidad desde que tengo 18 años voy de un lado para el otro, no tengo sitio. Luego, mis familiares son gente prácticamente desconocida para mí, no los conozco de nada. No nos llevamos bien, nunca me he sentido integrada dentro de la familia y he hecho mi vida por mi cuenta. Unas veces me ha ido mejor, y otras veces peor, pero era mi vida, era mi mundo, mis cosas.
YOB: ¿Utilizabas solo el óleo?
SMCM: He manejado también el temple. En este cuadro no sabía muy bien manejar la pintura porque si ves los colores de las caras, no llevan oro. Y normalmente cuando dibujaba una cara o dibujaba en un lienzo la piel, le ponía un poco de oro para que brillara sobre el resto de las partes. Me he tenido que manejar con mi propio sistema, a partir de los colores básicos que aprendí en la escuela.

YOB: ¿Cómo vino la idea de los ángeles en tus pinturas?
SMCM: Este fue el primero que pinté y me alegra mucho que Raúl lo guarde junto a otros míos. Lo hice así por impronta, por querer hacer el cuadro. Era el primero que hacía y quería ver cómo me salía. No manejaba bien la simetría y me salió muy bien. Los ángeles son parte de la historia del pasado, del futuro. Lo pinté en medio de la ciudad porque a diario andan cerca de nosotros, pero no logramos verlos.
YOB ¿Crees que los ángeles existen?
SMCM: He soñado con ellos en muchas ocasiones. Una vez hablé con uno y le pregunté: “oye, eres un ángel, ¿verdad?”. Fue cuando se marchaba por el puente de Triana. Se iba detrás de un árbol y me dijo: “sí”, y se fue. Este que pinté en el cuadro no lo había visto antes, pero otros sí me han salido en sueños. Creo que en algunas ocasiones me conducen y me hacen establecer una prudencia relativa con la gente con la que me rodeo.
YOB: ¿Consideras que de alguna manera la virgen y los ángeles te han guiado, te protegen?
SMCM: La virgen siempre me ha guiado. Siento que la escritura sagrada es verdadera. La entiendo como una verdad. Y entonces, a partir de ahí, te viene la inspiración para una cosa o para otra. Creo que la fe me ayuda a tener una forma de pensar que concuerda conmigo. En el sentido, de que me he movido por esa misma fe; y he tenido unas experiencias bastante parecidas a las que nos dan en la iglesia. Entonces, las siento como una verdad. Mi padre me enseñó la fe, me bautizó, o me hizo creer que él me había bautizado para que cuando muriese fuera al cielo. Lo que pasa es que no he estado bien guiada. Estuve apartada de la iglesia de niña y he seguido muy malos pasos porque me sentía completamente sola. Si crees en Dios y no compartes con la Iglesia, ¿con quién compartes? Dios es el pan que se parte y se comparte. Tienes tus experiencias, tienes que compartirlas, ir aceptando el desafío y continuar. Pero no tenía con quién compartir el desafío, no tenía con quién compartir la experiencia. Iba de mal en peor, hasta que he venido aquí y me he encontrado gente con la que compartir.
YOB: Cuéntame más sobre las razones que te llevaron a pintar.
SMCM: Era una experiencia que quería vivir y tenía tiempo y condiciones en ese momento. Practicaba y me salía esto, aquello, me lo iban comprando, lo seguía haciendo y me lo seguían comprando. Con eso sobrevivía el día a día y yo era feliz. Estaba sorprendida. Tuvo que ver también con el sitio al que había llegado. Al llegar a Madrid, la inspiración me nació porque había mucha gente que quería conocerme. Madrid cautiva, acoge a la gente y todos quieren saber de ti. Y supongo que ese fue el camino, que la pintura fue la apertura para darme a conocer entre la gente. Yo solo estaba allí parada, con mis pinturas. La inspiración y una especie de guía, me dio ese margen, esa oportunidad para que los demás se acercaran. Si no, no me hubieran comprado nada. Me siento como una niña adoptada de Madrid y me siento muy querida. La verdad, es que no me había sentido tan bien en ningún otro sitio.
YOB: ¿Por qué escogiste la puerta de la iglesia de San Sebastián para vender tus pinturas?
SMSM: Fue una inspiración que me entró. Algo me condujo hasta allí. Luego supe que esa iglesia era para la gente perseguida en la antigüedad. Y en mi caso siempre me he sentido un poco perseguida por el mal. Voy siempre a favor del bien, pero el mal persigue siempre al bien. Digamos que Jesucristo en eso sí que tenía razón. El que no está conmigo está contra mí. O sea, o estás con Dios o estás contra Dios. Y cuando estás con Dios, pues siempre hay alguien que está contra Dios. Debe ser por eso que ya no pude más pintar.

YOB: ¿Qué sentías mientras pintabas?
SMCM: Pintaba los rostros serenos y tristes, nunca sonriendo. Era una época un poco triste para mí, porque tenía muchas preguntas sin respuestas, que luego estando aquí con el padre Carlos, que es un poco mi guía espiritual, he ido dando respuesta a muchas cosas que se me quedaron en el tintero, antes de morir mi padre. He ido desvelando todas esas preguntas que no tenían respuesta y ya me siento satisfecha. La vida te va poniendo nuevos desafíos, y la vida es eso. En la primera parte de tu vida hay muchas cosas que confías a las personas sin hacer preguntas, y después se te quedan esas preguntas sin respuesta, ¿entiendes? Y claro, cuando encuentras una mano amiga, una ayuda, ya va cambiando el asunto. En esa primera parte de tu vida te ves obligada a confiar en tu padre, en tu madre, en tus hermanos, en la gente que te rodea, precisamente porque no tienes modo alguno de enfrentarte a la vida de otra manera que no sea confiando en los que están al lado tuyo, ¿no? Pues claro, eso te obliga a no hacer preguntas y cuando no haces preguntas, pues tampoco tienes respuestas. La pintura fue como sacarme fuera todas esas preguntas en un período sombrío.
YOB: Si partes de una base de incertidumbres, puede costar avanzar, sería como caminar a ciegas.
SMCM: No me quedé con ningún cuadro. Todo lo vendí o lo regalé. Había uno que le tenía un especial cariño, pero se lo dejé a un buen amigo para que lo cuidara. Recuerdo que hice otro con una señora sentada en la iglesia, mientras una virgen se le aparecía. La noche anterior yo había soñado con la virgen. He soñado con la virgen muchas veces, aunque ese no es solo el motivo por el cual pinto ángeles y virgenes. Tenía más o menos un concepto, una simetría. Para mí la virgen es perfecta, es simétrica y necesitaba encontrar esa simetría en ella para que se viera bonita. Eso era lo que me guiaba, lograr en ella su perfección. Los colores no los he manejado muy bien porque no soy profesional. A los niños en sus brazos siempre les ponía las piernas blancas y la piel luminosa por la técnica al oro que hacía. En la casa donde estoy tienen una pintura mía, y en la pensión donde estaba antes también se quedó otra.
YOB: ¿Cómo era el proceso?
SMCM: Yo tenía más o menos un concepto y lo iba asimilando en la cabeza y luego lo ponía en el cuadro. Cogía un trozo, digamos, hacía una especie de cuadrado para situar las cosas que no se me fueran de mano, y sin salirme de ese recuadro iba dibujando el resto. Después, le iba dando color. En este cuadro pinté la virgen que está aquí en el altar. Y fíjate, si la miras desde aquí, te mira de una manera, si la miras desde otro lado, te mira de otra. Bueno, le gustó al sacerdote cuando la terminé y me lo pagó. Pude hacer muy pocas pinturas y las firmaba con unas rayas.
YOB: ¿Volverías a pintar?
SMCM: Tengo poco espacio y no tengo dinero ni posibilidades. Vivo en una habitación que es un poquito más pequeña que esta donde estamos. Cabe la cama, el armario, el lavabo y una mesa. Antes, me ponía en la iglesia con el caballete, pero tenía un cuarto de baño aparte, tenía un poco más de espacio. Las pinturas las metía aparte y podía cerrar la puerta y no entraba el olor de la pintura. Donde vivo ahora pago 16 euros diarios. Los saco ahí, en la puerta de la iglesia, de la caridad de las personas. Es lo que me sigue dando de comer y un techo. También me ayudan aquí en la parroquia y en los servicios sociales; y así vamos. Ahora me he unido al coro de la parroquia y me dice el padre Javier Carballo que soy una soprano. Nací en 1966 y haré 55 años el 10 de agosto en San Lorenzo, por lo que creo que ya queda poco por descubrir en mí.
Y me gusta pintar, lo que pasa es que no puedo dedicarme a ello como una profesión porque no tengo medios, ni nada. Entonces lo veo poco posible. Luego, solo volvería a pintar si siento que otra vez me viene aquella inspiración, aquel llamado del que no pude resistirme.
Yaysis Ojeda Becerra (Investigadora de arte y ensayista)
Madrid, junio, 2021.
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